
Ayer comiendo un asado, veíamos al vecino de unos 50 años trabajando, levantando chapas que había logrado comprar para sacar el nylon que tenia de techo, me dio pena y pensaba en lo dura que habrá sido su vida y cuantos momentos difíciles habrá pasado para hoy tener su techo, me trajo a la cabeza una época en la que la gente no tenia nada y que esa nada no solo era el presente sino también el futuro, lo más duro de pasar necesidades no es el presente, sino la falta de futuro. Me acordaba de las ferias del trueque, de los patacones, lecops, lecors, me acordaba de las ollas populares en la calle con una hilera interminable de carros de cartoneros esperando recibir algo, me acordaba del tren blanco, me acordaba de los chicos viviendo abajo del puente del tren, los bolsones de comida, las compras comunitarias, las asambleas, las fabricas cerradas, las fabricas tomadas, las fabricas recuperadas, de los jubilados protestando cada semana con su camioneta con parlantes en la plaza del congreso, me acordaba de Norma Plá y el hijo de puta de Cavallo, de la carpa blanca, de los festejos del 1 de mayo en la calle comiendo unos chori con la gente de Brukman mientras resistían los desalojos, de los festivales con los autos de policía de civil mirándonos mientras poníamos a todo volumen señor cobranza, me acordaba de esos policías siguiéndonos cuando nos íbamos, parando a compañeros, persiguiendo las expresiones populares, me acordaba particularmente del 19 de Diciembre dando mi último examen de publicidad mirando para afuera, ausente y mi profesor preguntándome que me pasaba, ¿que me pasa? ¿no vé lo que pasa afuera? le dije y terminé, subí al colectivo y cruce toda la ciudad de Buenos Aires, las cacerolas estaban en todos los barrios, llegue a mi casa, al centro cultural La Sala y estaban todos afuera, salimos caminando para Primera Junta, luego a Acoyte y Rivadavia y de ahí a la plaza de Mayo, cada cuadra se sumaba más gente, familias enteras, los balcones llenos de gente en pijamas, caminamos la avenida Rivadavia como tantas otras veces en otras marchas, pero esta era otra cosa. El 20 de Diciembre que decir... la violencia del sistema acorralado se mostró en las balas, los palos, los caballos, los gases, las madres atropelladas por la caballería, los muertos, los saqueos, los saqueados. Era el fin y era el comienzo, fue una época de peleas, de discusiones, de construcción, de destrucción, de solidaridad, de escucharnos, de entendernos, de consensuar, de gritar, de creer, de no creer, de buscar un rumbo y ocupar espacios que habían estado dormidos por mucho tiempo.
Comiendo un asado me acordaba de lo difícil que fue esa época y lo bien que hace recordarla porque recordarla nos hace valorar más el presente, nos pone en perspectiva con la historia y nos muestra cuanto hemos avanzado como sociedad desde un punto donde nada parecía tener solución y las esperanzas de una gran mayoría habían quedado aplastadas por un sistema nefasto. Hoy veo gente que habla de falta de libertad por no poder comprar dólares, pero con la plata para poder hacerlo, hoy veo gente en Nueva York protestando por no poder salir de país, hoy veo gente protestando por seguridad cuando han sido los que votaron y apoyaron el modelo que llevó a la miseria y al deterioro social en los 90, hoy veo gente protestando pacíficamente con carteles nazis y deseando la muerte de la presidenta, me alegro de que no sean mayoría para votar a quién nos gobierna. Las cosas cambiaron, cambiaron mucho y espero que sigan así, en movimiento, porque el movimiento nos mantiene vivos.
























